Resumenes de Artículos Médicos
Endocrinología
EL ÍNDICE DE MASA CORPORAL NO ES UN PARÁMETRO TOTALMENTE CONFIABLE PARA PREDECIR LA MORTALIDAD TOTAL O CARDIOVASCULAR
| EL ÍNDICE DE MASA CORPORAL NO ES UN PARÁMETRO TOTALMENTE CONFIABLE PARA PREDECIR LA MORTALIDAD TOTAL O CARDIOVASCULAR |
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Introducción La
obesidad representa un factor principal de riesgo cardiovascular; se
estima que aproximadamente las dos terceras partes de los pacientes que
han tenido un infarto de miocardio tienen índice de masa corporal (IMC)
superior al normal. La obesidad reduce la sensibilidad a la insulina,
incrementa el recambio de ácidos grasos libres, aumenta el tono basal
simpático e induce un estado de hipercoagulabilidad y de inflamación
que contribuyen en la aparición y progresión de la enfermedad
cardiovascular. Asimismo, la obesidad se asocia con mayor riesgo de
diabetes, dislipidemia, hipertensión y apnea obstructiva del sueño.
Aunque, sin duda, la obesidad es un factor de riesgo cardiovascular,
todavía no se conoce con exactitud el efecto de la obesidad sobre la
mortalidad global, la mortalidad cardiovascular y la frecuencia de
infarto y de revascularización en pacientes con enfermedad coronaria
establecida. El objetivo de esta revisión sistemática fue estimar con
mayor precisión el efecto del IMC y de otras mediciones de obesidad en
la evolución de pacientes con enfermedad cardiovascular.
Métodos Se
realizó una búsqueda bibliográfica en MEDLINE, entre 1966 y 2005. Se
incluyeron trabajos realizados en sujetos con enfermedad coronaria
establecida: antecedente de intervención coronaria percutánea,
revascularización con injerto (CABG [coronary artery bypass graft])
o infarto; en cambio, no se consideraron aquellos estudios en los
cuales el diagnóstico de enfermedad coronaria se realizó de manera no
invasiva (por los síntomas o la prueba de ejercicio). Sólo fueron
incluidos estudios de cohorte de 6 meses o más de seguimiento y
aquellos en los que se estimó o se brindó información sobre la
mortalidad total, la mortalidad cardiovascular y la aparición de
infarto o de procedimientos de revascularización; además, en las
investigaciones debía haber información sobre el IMC u otros parámetros
indicadores de obesidad (circunferencia de cintura y cadera [CCC]). Se
consideró que los participantes tenían IMC bajo (por debajo de 20),
normal (de 20 a 24.9), sobrepeso (IMC de 25 a 29.9), obesidad (30 a
34.9) y obesidad mórbida (IMC de 35 o más alto). La calidad de los
trabajos se determinó con el método recomendado por Khan y
colaboradores y Stroup y colaboradores, en función de la descripción de
los factores de riesgo, el estadio de la enfermedad coronaria y los
antecedentes cardiovasculares (infarto, revascularización), entre otros
parámetros de calidad.
Resultados Cincuenta
y cuatro de 1 560 artículos y 34 resúmenes cumplieron los criterios de
inclusión. Los estudios que abarcaron información sobre el IMC (n = 40)
u otra medición de obesidad incluyeron 250 152 pacientes seguidos, en
promedio, durante 3.8 años. El resto fue un grupo heterogéneo de
estudios, de los cuales en esta ocasión sólo se describen los hallazgos
más relevantes. La
mayor parte de la información en los 40 mejores trabajos se recogió en
la década del 80 y del 90. Coincidentemente, los estudios encontraron
que los pacientes con IMC bajo eran de más edad, con mayor frecuencia
eran fumadores y con menos frecuencia presentaban diabetes o
hipertensión, en comparación con los sujetos con obesidad u obesidad
mórbida. Tres
trabajos fueron de calidad excelente, 30 fueron buenos y 7, subóptimos.
En 5 investigaciones se valoró el peso corporal como un factor
predictivo de mortalidad; en todos se observó que el peso bajo se
asocia con mayor riesgo de mortalidad, mientras que el peso más alto
(con distinta definición, según el estudio) no se asoció con mayor
mortalidad. En 2 trabajos en los cuales el peso corporal se analizó
según las tablas recomendadas de peso y estatura no se hallaron
diferencias entre la mortalidad y el peso reducido; en 1 de ellos, el
peso más bajo se asoció con mayor mortalidad. En una investigación que
aplicó el porcentaje de exceso de peso encontró relación en forma de
“U” con la mortalidad de cualquier etiología. Cuando
se utilizaron otras mediciones de obesidad (CCC), los hallazgos fueron
más contradictorios. En un estudio no se encontró asociación entre el
CCC, la mortalidad total y los eventos cardiovasculares, mientras que
en otro se observó una asociación entre la circunferencia de la
cintura, la mortalidad y el riesgo de eventos cardiovasculares. En
ninguna investigación se evaluó el efecto del cambio de peso en la
evolución. La
distribución de los factores convencionales de riesgo difirió según el
grupo por peso. Los pacientes con IMC alto presentaron, con mayor
frecuencia, dislipidemia, diabetes o hipertensión: por el contrario,
los sujetos con IMC bajo o normal más comúnmente fueron fumadores y de
más edad. En 5 estudios se encontró una prevalencia elevada de cáncer
en los sujetos con IMC bajo. En
el análisis del riesgo relativo (RR) con ajuste y sin control, se
detectó que el grupo de individuos de bajo peso presentó el riesgo más
alto de mortalidad total (RR: 1.37), mientras que los sujetos con
sobrepeso presentaron el riesgo más bajo (RR: 0.87). Por su parte, los
sujetos con obesidad y obesidad extrema no tuvieron mayor riesgo (RR:
0.93). La curva en forma de “J”, observada en el análisis sin ajuste,
se atenuó cuando se consideraron diferentes parámetros de confusión;
sin embargo, los individuos con sobrepreso fueron los que tuvieron la
mortalidad más baja. Por el contrario, los pacientes con peso bajo
presentaron mayor riesgo de mortalidad cardiovascular (RR: 1.45); los
individuos con sobrepeso mostraron un descenso no significativo del
riesgo de mortalidad (RR: 0.88) mientras que los sujetos obesos
tuvieron un RR de 0.97 y aquellos con obesidad extrema, riesgo
sustancialmente más alto (RR: 1.88).
Discusión Este
estudio reveló que el IMC bajo se asoció a largo plazo con mayor riesgo
de mortalidad total y de eventos cardiovasculares. Los pacientes con
sobrepeso tuvieron mejor supervivencia y menor frecuencia de eventos
cardíacos, mientras que los individuos con obesidad presentaron mayor
mortalidad total; sin embargo, esta asociación sólo se registró entre
los sujetos con antecedente de CABG. La obesidad mórbida se asoció con
riesgo considerablemente mayor de mortalidad cardiovascular pero sin
incremento significativo de la mortalidad total en individuos con
enfermedad coronaria establecida. Sin
embargo, esta asociación inversa entre la obesidad y la muerte en
pacientes con enfermedad cardiovascular (conocida como la “paradoja de
la obesidad”) debe analizarse con mucha precaución, señalan los
autores, ya que no significa que el exceso de grasa no represente un
factor de riesgo de progresión de la enfermedad coronaria o de
complicaciones, en sujetos con enfermedad cardiovascular establecida.
En primer lugar, añaden, el IMC bajo puede estar relacionado con
sarcopenia. Los sujetos con este trastorno o con menor masa muscular
tienen menor capacidad para el ejercicio y descenso de la motilidad,
situaciones que se asocian con aumento de la mortalidad. Por el
contrario, los incrementos leves en el IMC (como sucede en sujetos con
sobrepeso u obesidad leve) podrían obedecer a la conservación o el
aumento de la masa magra que se asocia con mejor rendimiento físico,
mejoría del perfil metabólico y, probablemente, con mejor pronóstico,
una situación que parece estar avalada por las observaciones del
estudio presente. Además,
agregan los expertos, el IMC no siempre refleja la adiposidad; aun así,
cuanto mayor es el IMC, mejor la capacidad de discriminación entre la
masa magra y la masa grasa. De hecho, este estudio confirma que los
pacientes con obesidad mórbida muestran una elevación del 88% en el
riesgo de mortalidad cardiovascular. Los
grupos con IMC bajo o normal presentan con menor frecuencia factores de
riesgo cardiovascular (con excepción del tabaquismo) y, por lo tanto,
no son candidatos óptimos a recibir terapias eficaces en el contexto de
la prevención secundaria. En cambio, los pacientes con obesidad y
obesidad mórbida seguramente son tratados más intensamente. No
obstante, en la mayoría de los trabajos no se realizó una corrección
según el tipo de tratamiento. Por su parte, una única valoración del
IMC no refleja los cambios en el tiempo; numerosos estudios mostraron
que en los individuos que pierden peso se reduce de manera considerable
la necesidad de revascularización y la incidencia de mortalidad
cardiovascular. Numerosos
trabajos revelaron que la obesidad central representa un factor de
riesgo de enfermedad cardiovascular, a diferencia de la determinación
sola del IMC. Aun así, la mayoría de los trabajos que se consideraron
en esta ocasión no tuvo en cuenta el patrón de distribución de las
grasas. En
conclusión, señalan los investigadores, los hallazgos de esta
investigación muestran que los pacientes con enfermedad coronaria e IMC
bajo presentan aumento de la mortalidad a largo plazo, en comparación
con los individuos con IMC normal. Los sujetos con un IMC muy alto no
tienen mayor riesgo de mortalidad total pero sí muestran incremento de
la mortalidad cardiovascular, respecto de aquellos con IMC normal.
Empero, los hallazgos no indican que la obesidad no es dañina, más bien
reflejan la necesidad de tener en cuenta métodos alternativos para
caracterizar mejor a los pacientes. Mientras no se disponga de
información más precisa al respecto, los sujetos con enfermedad
coronaria y obesidad evidente deben ser alentados a adoptar medidas
específicas para bajar de peso. Las investigaciones futuras deberán
considerar métodos alternativos de medición y evaluar el efecto de
diversas estrategias para poder identificar con precisión los pacientes
de mayor riesgo. |
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